“Me encanta sentir que saco tiempo para mí, que el meditar hace que convierta mi espacio, mi respiración y mi cuerpo en un lugar sagrado del que me siento agradecida. He descubierto como mi voz, ojos y posturas inciden un montón en el resultado de la meditación. Soy menos reactiva, y me doy cuenta por mi entorno al verlos reaccionar y yo sin saberlo podía pensar con mayor claridad, me observé mirando a personas y/o situaciones con más amor y compasión.”